Una noche en la Haima

Nos dirigimos al campamento base por la carretera que lleva a Villa Cisneros, cuando de repente nuestro guía y conductor se sale de la carretera y empieza a seguir unas rodadas de coche que se adentran hacia el desierto. Hilari que va en el tercer vehiculo, pero que ha estado presente en el momento que le han dado las explicaciones al guia del camino a seguir hasta llegar al campamento donde pasaremos la noche, piensa que nos hemos salido de la carretera antes de hora e inmediatamente inicia la conexión “periquito ferotge de chacal cambio… aquí periquito ferotge adelante chacal cambio… dile al guia que el camino que hay que coger está a doce kilómetros exactos de la segunda antena de telefonía y que hace diez que hemos pasado, por tanto hay que volver a la carretera y seguir un par de kilómetros más y es allí donde encontraremos las rodadas buenas que hay seguir hasta unas dunas no muy lejanas y el campamento está allí a la derecha, cambio y corto… Inmediatamente los coches vuelven a la carretera y pasados dos kilómetros encontramos el camino previsto, pero las rodadas, en un momento dado se bifurcan y todos los que vamos a su lado empiezan a pensar, Que una de dos: O él sabe dónde nos llevan, o ya podemos empezar a sacar el manual de supervivencia… El hecho de que el guia levante la cabeza, y se acerque al cristal delantero, y oprima su barriga al volante, como para ver mejor, nos hace pensar lo peor, que debe ser que no lo tiene claro. Alguien en aquel momento preciso, dice la pregunta que todos pensábamos: Ya sabes a donde vas?. Decirlo, y de repente en el horizonte, aparecen las siluetas de las haimas, palmeras, camellos y todo lo que se asemeja a un oasis,… Salvados!!!

La haima comedor del campamento

El lugar promete y parece que no hay nadie. Esperábamos que hubiera llegado la caravana del “Raid PURAVIDA”. Pero no, todavía no ha llegado. Empezamos a chismorrear y a instalarnos en la haima que el guia nos indica. Es casi de noche y un saharaui, que es el que parece que se encarga del oasis, amontona ramas y matojos, empezando a hacer una hoguera. Nos situamos y sentamos encima de unos colchones, en un improvisado escenario junto al fuego. Y como si todo estuviera programado, aparecen de la oscuridad del campamento, dos hombres, uno con un violín y otro con una pandereta y dos mujeres que se ponen a bailar al ritmo de la música que empieza a sonar.

Baile en el campamento

Esto se anima, sólo falta que lleguen los del Raid, y empecemos a cenar, y fiesta gorda!!!… A medida que van bailando y tocando, el hambre va creciendo. Hasta que por el móvil del guia nos comunican que el Raid está parado en un control y tardará un buen rato al llegar. La cena se empieza a hacer imprevisible… Los bostezos se multiplican y todo el mundo tras recibir la noticia empieza a pensar en algo comestible. Uno dice que tiene almendras, otro olivas, otro dice que conserva la barreta de chocolate que le han dado en el avión. Un desastre!!!. El guia decide hacer una llamada y pedir que traigan algo para comer. Al cabo de un buen rato llegan con: Pan, latas de atún, sardinas, quesitos y algo más que ahora no recuerdo. Después de cenar, si se puede llamar cena, y en vista del éxito, decidimos irnos a dormir. Todo el mundo se instala como puede, cogiendo colchones del improvisado escenario y colocándolos dentro de la haima, ya que el suelo está muy duro. Esto sí, en la situación y posición de cada uno tenemos la previsión de que no coincidan los pies de uno, con la nariz del otro. Más que nada por aquello de no dormirse como anestesiados… Todos colocados, decidimos apagar la luz de las dos velas y ponernos a dormir. Mientras uno ya empieza a interpretarnos la “serenata nocturna” el otro le contesta con ritmo acompasado de ronquidos. Otro hace referencia a que se cierre la puerta, porque entra mucho aire. El Carles como su apellido es el de Porta, decide colocarse tapando la entrada y así hacer la primera imaginaría… La primera, la segunda,.. junto con la mayoría, salvo excepciones, porque allí dentro, no hay dios que se duerma. Haciendo ya la segunda imaginaria, aparece el Raid, serán las tres de la madrugada, con unos cuarenta coches y camiones, y unas setenta personas. El alboroto es enorme con luces y motores de los vehículos encendidos y los ocupantes habriendo y cerrando puertas. Carles que está pendiente nos informa de lo que pasa. Decidimos hacernos los dormidos, no fuera el caso que tuviéramos que cambiarnos de Haima… Efectivamente la gente del Raid, entra y sale de las haimas buscando sitio donde colocarse, algunos entran y salen rápidamente de la nuestra, pero otros más atrevidos entran y preguntan si hay sitio, quienes somos… Carles que en estos momentos está intentando dormir en medio de habitáculo es despertado con un pie sobre su barriga, el intruso le pregunta si es un tal no se quién… El responde que somos un grupo de Palencia y el pobre extraño se va con el rabo entre piernas… Esto sí, no sin que la Paca le diga que cierre la puerta al salir… En fin amigos, ha sido una noche memorable y para recordar en muchos años.

Hilari que como otros no ha pegado ojo, hace rato que está pensando en ir a las letrinas a evacuar, pero le hace falta una motivación, esta le viene de parte de su mujer Rosa Maria, que le pide que la acompañe. Como si fuera la orden de un sargento se pone inmediatamente en marcha y los dos se van ha hacer sus necesidades, pero sorpresa ya no hay luna y por fin el cielo está en todo su esplendor y al salir del baño por llamarlo de alguna manera civilizada, se quedan los dos extasiados contemplando el cielo estrellado sahariano durante diez minutos, no es una noche de las más espectaculares pero no está nada mal y aunque durará muy poco rato al empezar ya a despuntar el alba, será una visión refrescante y que perdurará en sus cerebros durante largo tiempo. Rosa Maria se vuelve a dormir, pero Hilari decide coger el relevo y hacer la tercera y la cuarta imaginaria, se lo piensa mejor y casi que prefiere organizar una patrulla nocturna pero para eso necesita el apoyo de algunos compañeros. Se arma con la linterna y la cámara de fotos y en voz alta reclama voluntarios para la patrulla, de momento no contesta nadie, o están dormidos o se lo hacen. Cambia la estrategia y ahora empieza a hacer fotos con el flash e iluminar las caras con las linternas, esto me recuerda, salvando las distancias, a las novatadas “pastillas” que se hacían en la mili en el Sahara, y por fin consigue despertar a Carles, que es el primero en incorporarse a la patrulla…

Despertando a Carles

La patrulla se va formando, a Hilari y Carles se une Ramiro y un poco más tarde Pere Nolla. Los cuatro, armados con linternas y cámaras de fotos y video, se dirigen hacia las dunas y empiezan a inspeccionar todos los rincones de los alrededores. Descubren los huesos de un dromedario fallecido hace tiempo, ven algún que otro roedor deambulando de un lado a otro y las huellas de otros animales que se han acercado al campamento por la noche. Poco a poco la luz del día va en aumento y por fin sale el sol del nuevo día. Por el horizonte se acerca la manada de camellos y con la luz incipiente del sol se puede ver con claridad todo el campamento, con sus haimas, animales y los vehículos del Raid. Ya de día y habiendo desayunado nos da tiempo de dar un paseo en un par de dromedarios preparados para tal efecto. Y sin tiempo para más, iniciamos la nueva etapa que nos llevará a Villa Cisneros.

Huesos de dromedario
Salida del sol
Camiones del Raid
Dromedarios
Ramiro con un caballo en el campamento
Un dromedario simpático
Andrés e Hilari montados en camello
Rosa Maria y Pere Nolla montados en camello

About Mili Sahara

Saharià 1974-975 (caporal transmisions, Villa Cisneros i Edchera)

Posted on 18 Mai, in esp (01) Retorno al Sahara - 2009. Bookmark the permalink. Deixa un comentari.

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