VILLA CISNEROS – PATRULLAS Y MANIOBRAS

Hilari Joan i d’Argila
BIR Nº 1 – Playa del Aaiun – 1ª cia – Enero – Marzo 1974
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros – Abril – Septiembre 1974
Sección de Transmisiones – Edchera – Septiembre 1974 a Abril 1975

A finales de Mayo se produjo el acontecimiento que marcaría lo que me quedaba de mili. Había salida al desierto de cinco días, la llamaban patrulla de prácticas de radio, y se puede decir literalmente que había bofetadas para poder ir. Patrulla Radio maig 1974 Aquella primera salida hizo que me enamorase literalmente del desierto y a partir de entonces, a la que tenía indicios de que había salida al desierto me presentaba voluntario.
Con estos antecedentes era difícil que todos los guripas de radio tuviéramos cabida en la patrulla. Pero la suerte del destino y que le caía bien al teniente Aguilar, hizo que yo estuviera en la lista y no tan sólo eso, si no que me asignaron de operador de radio. Si no recuerdo mal solamente íbamos cuatro o cinco guripas de un total de veinte, incluidos el teniente Aguilar y el sargento Moreno.
Llegó el día de salir. Los cinco Land-Rover ya estaban preparados y ha primera hora de la mañana se inició la aventura. Nos dirigimos a toda velocidad hacia el norte, el paisaje era magnífico, aquellas playas extraordinarias de arena blanca y aguas con tonalidades azules y verdes, pero reflejando las luces rojizas producidas por la salida del sol. La bahía se aleja y los vehículos de repente, hacen un giro a la derecha dejando la carretera y durante un buen rato se adentran en lo que en tiempos inmemoriales, debería ser un río de grandes dimensiones, que formó la bahía de Villa Cisneros. El terreno es abrupto y con muchas piedras, los vehículos ya no pueden correr como antes, pero el paisaje casi lunar, sigue siendo incluso más extraordinario.
Patrulla de Radio maig 1974 Al cabo de un buen rato nos dirigimos al noroeste y nos acercamos hacia las paredes oscuras del lado izquierdo del río seco. Buscamos el lugar adecuado para poder subir a la llanura que hay entre el río y el Atlántico y por fin encontramos un paso.
Se tiene que poner la reductora, y empieza la escalada, subidas y bajadas con pendientes imprevisibles, pero a fin de cuentas la proeza no se infalible y algunos Land-Rover se quedan atascados en una zona de dunas, entre ellos el nuestro. Se hace indispensable utilizar las planchas metálicas, que puestas bajo las ruedas ayudan a sacar los coches. Poco a poco superamos el inconveniente y llegamos a la inmensa explanada de color amarillo que se extiende hasta el Atlántico.
Me veo tan poca cosa, tan insignificante, en medio de un paisaje impensable, sin ningún vestigio de vida, pero qué equivocado estoy, ya que hasta en un lugar como éste la vida es posible y bien que lo podremos comprobar los próximos cinco días.
Seguimos la marcha y nos acercamos a los acantilados que dan al Atlántico, donde instalamos el campamento. La rutina de los siguientes días vendrá a ser la misma cada día. Se tendrá que mantener un enlace con Villa Cisneros, éste se hará cada dos horas, de día y de noche y será la emisora de un Land-Rover cada día, lógicamente el equipo de personas asignadas, que se encargará, quedándose en el campamento en los momentos que los otros Land-Rover se marchen. Cada día se harán prácticas de radio durante dos o más horas. Los vehículos que no estén de guardia se marcharán en diferentes direcciones hasta desaparecer en el horizonte. A partir de ese momento se iniciarán los enlaces de prueba y se harán prácticas de radio transmisiones utilizando los códigos “Q” y “ALFA”, tanto con los coches parados, cómo en marcha.
Una vez hechas las prácticas, el resto del día será de libertad total. Como la única cosa que se podía hacer, era intentar bajar los acantilados hasta el mar, buscamos el lugar próximo más asequible y los primeros valientes abrieron camino. Al final acabamos bajando prácticamente todos. Aprovechamos los momentos de marea baja, en el que las rocas han quedado al descubierto y el mar ha dejado playa de arena libre, para pescar de todo y con mucha facilidad.
Patrulla de Radio maig 1974
Percebes, mejillones, algún pulpo despistado y también algún que otro pescado. La recolección será lo que comeremos y sonará gloria.
Las noches son otra poesía. La primera es la puesta de sol, impresionante. La segunda es cuánto la oscuridad se transforma en noche, emocionante. Por mucho que quiera explicarlo, es indescriptible, se tiene que ver. Millones de estrellas, galaxias y cuerpos celestiales que parece que se tengan que desplomar encima y que llegan hasta los horizontes del mar y de la llanura. Nos ponemos a dormir en las tiendas y será el cansancio o será el silencio infinito, pero en segundos quedamos dormidos. Algo nos despierta, ya no hay silencio, alguien está removiendo los desperdicios de la comida, se oyen golpecitos metálicos y otros ruidos, pero nadie se atreve a salir. La respuesta la tenemos por la mañana, alrededor de las tiendas hay multitud de huellas, unas parecen de pájaros posiblemente gaviotas y otras de animales de cuatro patas, seguramente algún tipo de zorro.
Los postres a ésta magnifica excursión llega el último día, ya hemos desmontado el campamento y estamos listos para la marcha. El teniente está dispuesto a pasarlo bien y nos dice que haremos una marcha rápida con los vehículos, nos colocamos en paralelo y a una cierta distancia, el Land-Rover del teniente se coloca a la derecha y a su lado el del sargento y a continuación el resto. Se trata de ir en paralelo para evitar el polvo que levanten los otros coches y correr al mismo ritmo que el del teniente. No señores, no se una marcha rápida, es una carrera, acabamos de inventar el París-Dakar. Yo voy en el lugar de operador que es detrás, me cojo como puedo a la emisora y a los asientos, pero boto y reboto. La adrenalina sube a mil, pero disfruto como un enano. La velocidad no será más de 90 kilómetros/hora pero debido a la inestabilidad del terreno parece que vamos a 300.
Detrás nuestro se ha formado una polvareda muy espesa y delante el infinito. A medida que avanzamos el paisaje va cambiando y ya no se puede correr tanto, empiezan a aparecer pequeñas plantas y zonas con piedras. De repente el vehículo del teniente hace un giro a la derecha y cambia de horizonte, lo seguimos, siempre alineados por la derecha. En el horizonte aparecen unas figuras en movimiento que poco a poco se van haciendo más grandes, es un grupo de cinco o seis animales que también corre a gran velocidad, poco a poco nos vamos acercando ya que nuestra velocidad es ligeramente superior y ya se pueden distinguir, son gacelas.
Patrulla de Radio maig 1974 Un temor me invade, me da la impresión que el objetivo no es una carrera, el objetivo es una cacería y yo estoy en total desacuerdo, pero no podré hacer absolutamente nada, bastante trabajo tengo en mantenerme sentado. Ya las hemos atrapado, prácticamente estamos encima. Pero los animales hacen un giro inesperado a la izquierda, que los coches no pueden seguir de inmediato y se vuelven a alejar. De los vehículos del teniente y del sargento suenan los primeros disparos, la escena se repite unas cuantas veces, pero la puntería es poca. Realmente tiene que ser muy difícil dar en el blanco en estas condiciones. Por fin nos damos por vencidos y los animales desaparecen en el horizonte tal como habían aparecido. Seguramente no hay dragonkan, ni montaña rusa que pueda dar unas sensaciones como las que viví.
La vuelta fue más plácida, fuimos deshaciendo el camino hecho el primer día. Al llegar a la bahía de Villa Cisneros la vista era magnífica, aquella arena blanca y agua iluminadas por el sol, aquellos colores y reflejos maravillosos y sorpresa en la playa había un grupo de flamencos, con sus tonalidades rosas que contrastaban con las de su entorno.
Patrulla de Radio maig 1974No pasaron ni tres semanas, que hubo una segunda salida. Ésta ya iba seriamente ya que era el 4º Tercio de la legión que hacía unas maniobras intimidatorias. Se trataba de enviar varias compañías motorizadas al sur del territorio, en la frontera con Mauritania, y peinar el terreno fronterizo durante un día y una noche, en busca de grupos guerrilleros del Frente Polisario. El objetivo era neutralizarlos y en todo caso hacerles huir al otro lado de la frontera.
Me asignaron de operador de radio a la tercera compañía legionaria. Íbamos un “abuelo” conductor, un ayudante de operador y yo. Pero como era operador y “guripa”, me tocó el Land-Rover más antiguo y que llevaba montada una emisora antediluviana, como mínimo de la guerra de Corea. La diferencia más importante con las emisoras “Racal” que llevaban montadas el resto de vehículos y mucho más modernas, era que resultaba muy complicado iniciar el enlace y sobre todo buscar frecuencias. Al principio estaba muy asustado, pero una vez le cogí el punto ya no tuve más problemas. Mi misión sería la de mantener conexión de día y de noche, con el resto de compañías y con Villa Cisneros.
El día de la salida era aproximadamente el quince de Junio del 1974. La marcha se tenía que hacer con tranquilidad, puedo imaginar que se trataba de dar tiempo a los guerrilleros del Polisario de abandonar sus posiciones y desaparecer al interior de Mauritania. Cada compañía seguiría una recurrido diferente, con el objetivo de que todas llegaran al tercer día a la zona que cada una de ellas tenía destinada, que era entre Tichla y La Güera.
Nuestra compañía, tenía que pasar por las proximidades de Bir-Nazarán y hacer noche, el segundo día se tenía que acercar a Auserd, pasando la noche y por fin el tercer día, pasando por Tichla, donde pararíamos a comer e ir hasta donde teníamos que montar el campamento base, que se encontraba en una zona entre Bir-Ganduz y la Güera, población situada en la frontera y tocando el Atlántico.
Se inició la marcha, al poco rato las compañías se separaron y la nuestra inició la ruta mencionada. El teniente de la compañía legionaria, por cierto recuerdo que era una persona muy simpática y que se portó en todo momento de una manera muy correcta con nosotros, consideró que las relaciones entre él y nosotros irían mucho más fluidas si nos asignaba un legionario que nos acompañara y fuera él el que hiciera de enlace en todo momento. El legionario en cuestión era de aquéllos que llevaban mucha mili, quizás veinte años, era cabo y resultó ser un tipo muy especial que se llevó de forma admirable. Aparte de cumplir su tarea de enlace con el teniente, se dedicó a hacernos de guía turístico y a suministrarnos en todo momento lo que él creía que necesitábamos, aunque no se lo pidiéramos. Había cosas que no sé de donde las sacaba, pero si él creía que necesitábamos un “cubata”, un “bocata”, en general casi lo que hiciera falta, lo conseguía y nos lo traía. En los diferentes lugares en donde paramos, se buscaba literalmente la vida y nos organizó entre otras cosas que recuerde, tomar el té en una “haima” de unos nómadas, comer “pinchitos morunos” de carne de camello y sobre todo la noche del tercer día, en el campamento base cerca de La Güera, organizó una especie de cantina. Él y otros dos legionarios montaron una especie de barraca, aprovechando la poca vegetación que había por los alrededores, y unas cuantas mantas, y en el interior se despachaban todo tipo de bebidas y otras cosas más potentes y que no nombraré. La juerga duró toda la noche, a la que se apuntó todo el mundo, incluidos oficiales y suboficiales
Maniobres al sud del Sàhara juny 1974 Al cuarto día empezó la acción de la que no puedo explicar nada, ya que yo no participé directamente. El coche de transmisiones se quedó en el campamento base, supongo que acompañados de algunos legionarios, y el resto de la compañía se fue a rastrear la zona asignada. La misión tenía que durar parte del día y de la noche. Nosotros nos quedamos en escucha permanente y tanto mis compañeros como los legionarios que se quedaron, armados y en guardia permanente todo el rato, por si se tenía que defender el campamento. Aproximadamente a las cuatro de la madrugada empezaron a llegar los efectivos legionarios que se habían marchado.
No puedo decir exactamente lo que pasó, pero lo más normal es que si había guerrilleros por la zona, hubieran desaparecido antes de la llegada de los legionarios. Por las transmisiones que hice, intuyo que eso es lo que pasó.
La vuelta fue de una tirada, pero que recuerde, aparte del insoportable calor que hacía, pasaron dos cosas que se tienen que explicar. A las dos horas de haber iniciado la marcha, nos encontramos con unos nómadas que nos indicaron que estábamos en territorio de Mauritania, quizás una duna nos había tapado algún indicador y nos habíamos perdido, o sea media vuelta y a salir zumbando de allí. Al cabo de un rato nuestro Land_Rover se empezó a calentar, paramos y el conductor detectó que teníamos un problema de radiador y no podíamos continuar. El teniente nos dijo que ellos tenían que seguir y que al cabo de un rato vendría a asistirnos el coche escoba. Pasaron unas horas y efectivamente vino un coche grua que nos remolcó hasta Villa Cisneros, pero el rato que estuvimos solos fue de mucha incertidumbre y seguro que es así porque es de las cosas que actualmente todavía tengo grabadas en la memoria.

About Mili Sahara

Saharià 1974-975 (caporal transmisions, Villa Cisneros i Edchera)

Posted on 2 Mai, in esp (17) Salidas al desierto, esp - Joan d'Argila, Hilari. Bookmark the permalink. Deixa un comentari.

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