“LOS CERDOS DEL T.C DE (?)”

Carles Porta i Fernandez
BIR Nº 1 – Playa del Aaiun – 3ª cia – Octubre-Diciembre 1973
Regimiento Mixto Ingenieros 9 Transmisiones Villa Cisneros i Aargub Enero-Diciembre 1974


Carles a la emisora Los que me conocéis o habéis leído alguno de mis escritos sabréis que estuve destinado al destacamento de (?) durante una temporada. Gracias al hecho de estar destinado a la Compañía de Transmisiones, en Villa Cisneros, haciendo de operador de radio, tuve la oportunidad de ver todos los destacamentos de la zona, y me di cuenta que, el mejor de todos era el de(?).
(?) tenia el mar cerca, con una playa desértica y de arena blanca. El cuartel recordaba aquellos famosos “fuertes” que los de mi generación, de pequeños, jugábamos a “americanos y a indios”… En fin…, como iba diciendo, era un cuartel donde, en el interior, había un patio con varios departamentos, un de los cuales era el lugar donde mi Compañía tenia la emisora y donde los operadores “Pistolos”, que era como nos llamaban, hacíamos nuestro trabajo.
Cuando volví de la última patrulla por el desierto, le comunique a mi teniente que quería ir voluntario al destacamento citado, haciéndole saber, a la vez, que el operador que estaba destinado allí, le quedaba muy poco tiempo para licenciarse. El teniente se quedó un rato pensativo, seguramente recordando los trabajos que le quite de encima cuando le dibujaba los planos cartográficos para el curso de preparación al ascenso a capitán, y como que yo ya no le era imprescindible, porque ya se los había entregado, en agradecimiento, supongo, me concedió el permiso para irme.
Fue un viaje que, todo y la proximidad aparente, ya que desde Villa Cisneros, cuando era de noche, veíamos al otro lado de la bahía las luces de (?), se me hizo muy largo. Aprovechando que tenía que ir un convoy de avituallamiento, me hicieron marchar en un camión en la cabina del conductor. ¡Termine desecho! Yo ya sabía como eran los baches con los “Land Rovers”, pero el de los camiones, los encontré aún más ¡majestuosos!
Cuando llegamos era casi de noche, y tuve que presentarme al mi sargento 1º
especialista de Transmisiones, que era el mando que estaba a cargo de la emisora, pero que solo iba dos veces al día para hacer el “morse” y ya no le veíamos más el pelo, y me instalé en una litera que había en el interior del que seria durante los siguiente cinco meses mi casa.
Después de haber pasado la noche durmiendo en una de aquellas literas que a mí siempre me venían tan cortas y que me obligaban a dormir en posición fetal -y es que o bien faltaba litera o me sobraban piernas si no quería que me colgasen los pies-, cuando me desperté por la mañana, no sabia donde estaba. Tuve que estirar los brazos y me levante realizando la estudiada maniobra de “desplegarme” que había aprendido para poder levantarme, cada mañana, durante toda la “mili”.
Destacament ?
El compañero a quien reemplazaba, después de prepararse el petate, me dio las últimas instrucciones de los, que a partir de aquel día, serian mis deberes, y con un fuerte abrazo me deseó buena suerte. Después, él se fue hacia el mismo camión que me trajo a mí, subió y, al cabo de un rato, desapareció detrás del polvo que provocaba su paso al internarse por el desierto. Recuerdo que cuando aquella imagen se difuminó del todo, me puse melancólico pensando que aquel compañero comenzaba el camino de retorno a su casa y que a mí, en cambio, aún me quedaban seis largos meses antes de poder hacer aquel mismo viaje de retorno.
En la emisora de mi destacamento quedamos otro operador, que era de mi reemplazo pero que ya hacía tiempo que estaba, yo, y un chico de la compañía de Zapadores, que era el encargado de encender i cerrar el grupo electrógeno al cual le teníamos de agradecer el hecho de poder tener luz eléctrica durante todo el día ya que, por la noche, la apagaba para ahorrar gas-oil y no hacer ruido (los dos operadores de radio, como teníamos que utilizar la emisora toda la noche, durante aquellas horas utilizábamos baterías).
Muy probablemente alguien le debía haber dicho algún día al compañero de Zapadores, que su labor era muy importante, y muy probablemente él se lo había terminado creyendo, porque prácticamente no nos dirigía la palabra: Entraba para ir a la cama, salía para ir a controlar el grupo electrógeno, y como que nosotros casi siempre estábamos con los auriculares puestos, por lo que se ve, debería pensar: “¿Y porque los tengo que saludar, si ni me oyen?”
En el destacamento teníamos una sala donde había los aparatos de la emisora, y otra habitación donde teníamos, para nosotros tres, cuatro literas y un solo armario con unos estantes para dejar los objetos personales.
Con mi compañero de Transmisiones quedamos que nos partiríamos las guardias de los enlaces cada veinticuatro horas, y así el que libraba dispondría de todo el día para gandulear. (Consecuencias de los largísimo espacios de tiempo que pasé “ a la bartola” que me significó un aumento de la libido, pero esto no viene ahora a cuento, ya que lo conté con mucho más detalle en el escrito titulado “El Colchón”.)
Si no recuerdo mal, los enlaces en la emisora eran cada dos horas durante el día, y cada cuatro por la noche, por lo cual cuando estábamos de servicio, podíamos descansar y dormir a ratos.
El primer día que libré, decidí ir a la playa, que estaba a unos escasos cincuenta metros justo saliendo por el cuerpo de guardia, y cuando llegué, no había nadie. Extendí la toalla en la arena y me puse encima para tomar el sol durante un buen rato.
Con los ojos cerrados, parecía que estuviera en una de aquellas playas paradisíacas de Honolulu. Había un silencio extraordinario y, poco a poco me fui adormeciendo…
Creía estar soñando cuando, de repente, oí, como si un animal remugara justo al lado de mi oreja y, al instante, noté que alguna cosa me hacía cosquillas en la mejilla…
Els porcs del destacament ?Primero abrí un ojo y, girando la cabeza en dirección a la mejilla, abrí el otro… A continuación, pegué un golpe cuando vi que estaba… ¡rodeado de cerdos!… Si, si; de ¡¡¡cerdos!!!
Durante unos brevísimos instantes, me pensé que estaba soñando, pero, no, no: seguro que no soñaba porqué en los sueños, cuando te despiertas y abres los ojos, los personajes y las situaciones desaparecen, y aquellos “personajes”, en cambio, eran de carne y huesos y, para culminar la realidad de aquella “bucólica” escena, también había un pastor: un pastor, evidentemente, de reemplazo.
Una vez calmado y asimilando toda aquella realidad, disimulando y haciendo ver que no pasa nada, le dije al pastor; “¿Qué?…Paseando a los cerdos por la playa, ¿no?, a lo cual el me respondió: “Sí, son del T. C. l…”
Al oír que eran de “T.C.” no sabía si cuadrarme o qué…
“El T. C. –continuó explicándome el soldado-pastor- los cría para luego venderlos al Ejército como alimento de la tropa.”
En aquel momento entendí que los militares también eran humanos… Creo que no fui más a la playa. Los cerdos y sus excrementos me hicieron desistir de nunca más poner la toalla i tumbarme en aquella “inmaculada” arena.
Las muchas de las sorpresas que tuve en (?), siempre estuvieron relacionas con los cerdos del “T.C.”, tanto es así que me atrevería a decir, que con los años que han pasado, alguna vez los he soñado.
Un día, sobre las cinco de la madrugada, mientras estaba haciendo la guardia en la emisora con los auriculares puestos i enlazando con el compañero operador de Tichla (Ávila, en clave de radio porqué el hipotético “enemigo” no nos localizara), oía de fondo unos chillidos que no podía codificar, eran unos chillidos escalofriantes…
Una vez terminado el enlace y al quitarme los auriculares, aquellos terribles chillidos aún se me hicieron más evidentes, intrigado por intentar descubrir de donde venían, salí al patio, iluminado, como siempre de noche, por el cielo estelado.
Era evidente que los chillidos provenían de donde se ubicaban los corrales de los cerdos y me fui acercando hasta llegar delante de la puerta… Abrí la puerta y, de golpe, vi todo el panorama de la matanza del cerdo, un ritual al cual yo nunca havia asistido y que por esto no relacionaba con aquellos chillidos.
La imagen que apareció delante de mis ojos fue dantesca: El cerdo, atado y cogiéndolo cuatro soldados-matarifes, abierto en canal, y la sangre, espesa, brotando a cantaros de las entrañas.
Para evitar caer en redondo, mareado, tuve que cerrar inmediatamente la puerta y tuve que salir corriendo de aquel sangriento espectáculo dirigiéndome de nuevo a la emisora. Una vez dentro y a pesar de haberme colocado los auriculares otra vez, no podía evitar de oír, del otro lado del patio, los terribles chillidos de aquel pobre animal, y mientras con las manos me apretaba con fuerza los auriculares contra las orejas, pude recordar lo que alguna vez havia oído decir sin haberme parado a imaginármelo: que cuando los cerdos más chillan mientras se desangran, mejor salen las morcillas.
A la mañana siguiente, como los que teníamos servicio podíamos ir a la hora que quisiéramos y comer aparte, a la hora de la comida entré como siempre, por la puerta de la cocina y le pregunté al mí amigo el cocinero, que era de Valencia, que teníamos para comer:
“Cerdo”.
“¿Cerdo?…”
Sí, sí: ¡cerdo!… Uno de aquellos cerdos que vi. en la playa, quizás el mismo que me restregó en la mejilla mientras yo estaba soñando. Aquel mismo cerdo, esto era seguro, los terribles chillidos del cual me habían conducido, la noche pasada, hasta el corral donde lo vi. durante unos instantes abierto en canal y desangrándose… Aquel cerdo del…
Durante algunos días me alimenté a base de fabadas, caballa y etc.
Y es que, después me enteré, que el T. C. suministraba a la tropa carne de cerdo y todos sus derivados. También tenía pescadores de “quinta” y una barca para suministrar pescado a la tropa. Después, e “T.C.” pasaba las facturas de los suministros al ejercito, y así tenía un sobre sueldo del que, a parte de la paga de jubilación, ahora debe gozar de él…
Y como mi relación con los cerdos comenzó en un sueño, lo acabaré explicando el sueño que tuve un día:
Al “T.C.” le habían concedido la medalla al “Mérito Animal”, una condecoración en donde se veían gravadas las imágenes de un cerdo y un pez abrazados, y que se la colocaban, con todos los honores, en el pecho de su uniforme. El, entonces, subía a una barca y, con postura marcial que requería la ocasión, abría el paso a la comitiva de pastores, pescadores, al rebaño de cerdos y a los peces, desfilando todos juntos por la cocina y los corrales, hasta llegar a la playa, donde ordenaba romper filas…
Quiero, con este escrito, rendir un homenaje a los animales sacrificados en (?),
“compañeros” también de reemplazo que no tuvieron la suerte, como nosotros, de volver a sus “corrales”…
Todo lo que he contado, no es porque uno tenga ya una edad y desvaríe. Tengo testimonios que pueden confirmar que, a parte de los sueños, todo pasó
en realidad.
Y referente a “(?)”, decir que es el nombre del destacamento donde estuve, que no quiero nombrarlo, no fuera caso que el “T.C.” aún tuviera alguna factura pendiente y utilizara este escrito como prueba de que él, era el suministrador. ¡¡¡Solo faltaría!!!

About Mili Sahara

Saharià 1974-975 (caporal transmisions, Villa Cisneros i Edchera)

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